DON JOSÉ MARÍA PEMÁN, COLABORADOR LITERARIO DE LA REVISTA DON BOSCO (1924-29), tercera parte.
Defensor de la
enseñanza privada
Fotografía de D. José María Peman, dedicada a
la revista Don Bosco en España, enero de 1929
El padre de José María Pemán, Juan Gualberto Pemán y Maestre fue diputado por el partido
liberal conservador por el Puerto de Santa María, en varias legislaturas entre
1903 y 1922, lo que le permitió vivir de cerca, en su propia familia, el
ambiente político de inicios del siglo XX, sus convicciones liberales y
monárquicas se enraízan en esas vivencias; su ferviente catolicismo tiene su
origen además de en su familia, su educación con los marianistas y su relación
con el jesuita P. Ángel Ayala y con Ángel Herrera Oria, lo que hizo que en
1925, se integrase en la Asociación
Católica de Propagandistas, fundando el centro de Cádiz y siendo su primer secretario,
en diferentes ámbitos de acción de esta asociación: periodístico, político,
religioso y cultural interactúa Pemán.
La
revista Don Bosco, publicita y se congratula de la aparición de la revista “JUVENTUD”, en el número de junio de 1925,
indicando que esta publicación periódica “ES
OBRA DEL CENTRO DE PROPAGANDISTAS QUE EFICAZMENTE TRABAJA EN ESTA CIUDAD…. – LA
JUVENTUD CATÓLICA ESPAÑOLA, - COMO EL ÚLTIMO DE LOS SUMANDOS Y SIEMPRE BAJO LA
INDISCUTIBLE AUTORIDAD DE NUESTRO PRELADO, CUÉNTENOS ENTRE LOS SUYOS LA REVISTA
HERMANA”, no es casualidad que esta reseña se coloque justo debajo y en el
mismo recuadro que la publicidad con el epígrafe NOTAS BIBLIOGRAFICAS de la
nueva publicación de la segunda parte del libro “NUEVAS POESIAS” de José Mª
Pemán, queda clara la relación del autor de ambas publicaciones y de nuestra
revista.
Pemán se
incorporó al proyecto de un partido único, la Unión Patriótica, siendo además
uno de sus ideólogos, en el proceso constituyente que Miguel Primo de Rivera,
impulso desde ese año, lo que le llevó a ser Presidente Provincial de la misma en
Cádiz y miembro de la Asamblea Nacional, como representante de las
Organizaciones provinciales de Unión Patriótica, entre 1927 y 1930.
En la literatura salesiana de España, tiene un papel importante el
discurso de D. Rodolfo Fierro en la comisión de las Cortes, y su relación con
la llamada ley del Candado de Canalejas, controversia en la que participó
activamente la Asociación de Propagandistas.
Las colaboraciones con la revista, se hacen más espaciadas y esporádicas,
en 1927, solo se publica un poema, en 1928 no hay publicaciones y en 1929 dos,
coincidiendo con el momento del inicio de su compromiso político.
La Asamblea Nacional, era un órgano consultivo, que sustituía en sus
funciones al Congreso, en este momento estaba suspendida la Constitución de
1876. Pemán intervino en la Asamblea, en el debate de la discusión de los
Prepuestos del año 1929, defendiendo la asignación en ellos de una subvención
económica para los centros de enseñanza de iniciativa social. DBE recogió es
las pp. 768-770, del número de enero de 1929, el discurso integro que su
antiguo colaborador, en el podemos observar como con una prosa literaria y
diría casi poética, expone sus ideas sobre la educación, la cultura y cuál debe
ser la función del estado en ambos ámbitos.
Busto de José María Pemán, yeso patinado, 1939, obra
de Juan Luis Vassallo (escultor,
gaditano, antiguo alumno salesiano de la casa de Córdoba y amigo del escritor. Casa de Iberoamérica, colección Vassallo de
Cádiz.
Así defiende carácter no
complementario, sino prioritario de la educación desarrollada en los centros de
iniciativa social:
La enseñanza,
por sí, no es una función propiamente del Estado: es una función de la
sociedad. A la sociedad, como organismo natural, como agrupación natural de
hombres, corresponde todas las funciones naturales humanas, y una de ellas es
la nutrición de la inteligencia, y, por lo tanto, al Estado lo que le
corresponde es: primero, un papel de tutor, de auxiliar de esa acción de la
sociedad en la enseñanza, y sólo cuando esa acción no es suficiente y no cumple
todos los fines docentes, entonces les corresponde un segundo papel: el papel de
supletor, supliendo aquella acción docente que la sociedad no llena.
Es
más, promueve que las ayudas que solicita solo deben ser el principio de la
acción estatal, más que ayudas las escuelas de iniciativa social, deben ser
incentivos a su creación y desarrollo.
“… Obligación del Estado, no debe limitarse a auxiliar la acción social,
que ya existe en materia docente, sino que debe marchar delante de ella,
abriéndola el camino, fomentándola, invitando a la creación de nuevas obras.
Debe desaparecer el carácter que hoy tiene esa partida de limosna, y
convertirse en verdadera prima, para la creación de esas obras; este es el
carácter que la cifra a que me refiero debe tener”.
Esta convicción de que el papel
del estado es estimular e incentivar la educación promovida por las escuelas de
iniciativa social, se fundamenta en su concepto de que la enseñanza se ejerce
como misión trascendente:
“Esto hace que
la enseñanza se reintegre a su verdadera esencia, porque, como todos sabéis, la
enseñanza no es una profesión técnica como cualquiera otra: la enseñanza es un
sacerdocio lleno de espiritualidad y de sacrificio, que tiene que hacer que la
rutina cotidiana de la acción docente esté nutrida en todo momento de
pensamientos superiores y de finalidades eternas.” (esta frase
provocó aplausos entre los asistentes).
Entendiendo que la enseñanza no
solo proporciona contenidos, sino valores, que serán tras el proceso educativo
se convertirán en los materiales con los se construye la cultura de la
sociedad.
“… La enseñanza da los materiales, pero la cultura es la construcción, que
luego se realiza en el espíritu con esos materiales, y esa operación de laboreo
solo puede desarrollarse plenamente en esos centros de cultura creados
espontáneamente por la sociedad; en esos centros, que es donde el trabajo y el
estudio tienen la mayor belleza y la mayor eficacia de todas las cosas
espontáneas y libres; donde se amasa la verdadera cultura, esa cultura que,
bien entendida, en su sentido amplio, no es un conglomerado de conocimientos,
sino que es, verdaderamente, la posición total de una generación ante la vida.”
Tras el fallecimiento en 1919, de la benefactora de la Casa de San Ignacio de Cádiz, Dª Ana de Viya y Jauregui,, el sostenimiento económico de la misma fue muy complicado, llegando incluso a pensar en su cierre. Fueron la asociación de antiguos alumnos gaditana y la ayuda de vecinos influyentes, junto con la apuesta de la congregación salesiana al ubicar en ella el aspirantado de los Hijos de María, los que contribuyeron a su mantenimiento. Incluso, se acordó en 1927 con la Diputación Provincial acoger a internos becados.
Pemán se
refiere a la situación de estas escuelas en el discurso.
“A las
puertas mismas de Cádiz hay unas escuelas profesionales de Salesianos que
educan trescientos niños, a los que proporcionan vestido y además les dan
oficio. Estas escuelas no han recibido nunca un céntimo del Estado, y ahora
pasan por una situación económica difícil. La Junta ciudadana se ha ocupado de
ello; ha conseguido algún mayor esfuerzo de la sociedad mediante becas que
pagan algunos particulares y Ayuntamientos; pero no basta. Por el cálculo de las
cifras se hace necesario el auxilio del Estado.”
El escritor en esta intervención en
la Asamblea Nacional, nos muestra su concepto sobre la educación y sus
finalidades, su apoyo a las escuelas de iniciativa social y el carácter
supletorio del Estado en el ámbito educativo, profundamente enraizado en sus
creencias católicas. Afortunadamente, don Modesto Jiménez, director de la casa
y «alma mater» de Don Bosco en España, recogió este discurso íntegro en la
revista y nos dejó un documento de extraordinaria importancia e incluso, diría,
de rabiosa actualidad.
Habría que preguntarse ahora: ¿Qué
consecuencias tuvo el discurso? Pues en el Boletín Salesiano (edición en
español) de junio de 1929 se recoge que no solo se concedieron las 10.000 pts.
solicitadas, sino que el ministro de Instrucción Pública elevó la subvención
solicitada en un 20 %, informando de la respuesta epistolar del Ministerio a
José María Pemán:
"Le incluyo el traslado de la R.O. por la que se
concede la subvención a las Escuelas Salesianas de la Barriada de San José de
esa población y Vd. perdonará que no haya sostenido mi oferta de las diez mil
pesetas que Vd. me pidió ... porque me ha parecido mejor conceder doce mil,
atendiendo a lo mucho que Vd. se interesaba en el asunto y a que fue origen de
su hermoso discurso en la Asamblea que dio tan fecundo resultado" (BSE,
XLIV, 6 (1929), págs. 185-186.)
Pemán era un gran
orador. Finalizó su discurso llamando «cifra simpática» a la cantidad de
pesetas solicitadas y se dirigió
emotivamente a los presentes, afirmando que el hecho de su concesión, por ser
de justicia, ya sería suficiente corretaje para él.
“ Y me quedan,
de los veinte minutos de que dispongo, uno solo para dirigirme al señor
ministro de Instrucción Pública y decirle que si con modestas palabras he
conseguido mover los corazones de los señores de la Comisión y del señor ministro
de Hacienda, y logro que esa cifra, que está débil y moribunda, se tonifique un
poco, yo me pasaré por su despacho, llevándole unas cuantas peticiones de obras
de mi rincón andaluz que vienen realizando una labor fecunda sin auxilio del
Estado; unas cuantas peticiones, que son gritos de justicia reparadora. Yo
estoy seguro de que no saldré defraudado, porque éste será el corretaje que me
corresponde por esta batalla que acabo de reñir en favor de la cifra más
simpática de todo el presupuesto de Instrucción Pública.”
Un resumen de esta entrada se ha publicado en la revista Don Bosco en España, en su número 774, en las páginas 26 y 27, de las que incluyo sus imagines:
Transcribo a continuación, de
forma íntegra, el discurso pronunciado por José María Pemán, que publicó la
revista Don Bosco en España, en el número 1, de enero de 1929, recogido en las pp.
768-770.
UN DISCURSO
MODELO
Nuestro antiguo colaborador D. José M.ª Pemán (nombre que nos ahorra
calificativos) ha dicho en la Asamblea Nacional sosteniendo en la discusión de
Presupuestos la elevación a tres millones en el de Instrucción Pública en su
capítulo XXI, titulado «Auxilios y subvenciones»:
“Se dedica,
como indica bien claramente su nombre, a subvencionar y auxiliar aquellas
obras, ya de enseñanza, ya de cultura general, nacidas al calor mismo de la
espontaneidad social, de la iniciativa social y ciudadana; ese capítulo,
repito, es aquel en que el Estado cumple su primera y natural función en
materia de enseñanza. Para demostrar esto, yo no he de reproducir aquí la
doctrina de la esencia misma de la enseñanza, que todos conocéis.
La enseñanza,
por sí, no es una función propiamente del Estado: es una función de la sociedad.
A la sociedad, como organismo natural, como agrupación natural de hombres,
corresponde todas las funciones naturales humanas, y una de ellas es la
nutrición de la inteligencia, y, por lo tanto, al Estado lo que le corresponde
es: primero, un papel de tutor, de auxiliar de esa acción de la sociedad en la
enseñanza, y sólo cuando esa acción no es suficiente y no cumple todos los
fines docentes, entonces les corresponde un segundo papel: el papel de
supletor, supliendo aquella acción docente que la sociedad no llena.
Pues bien: si
esto es así, ese capítulo XXI, que es en el que el Estado se coloca en su
verdadero terreno y cumple su natural y primera función en materia de
enseñanza, ese capítulo XXI, que se dedica a subvencionar y auxiliar las obras
nacidas del calor mismo de la sociedad, es necesariamente el capítulo más
fecundo y más reproductivo de todo el presupuesto de Instrucción Pública,
porque es una ley constante y general que los esfuerzos económicos son tanto
más reproductivos y fecundos cuanto más conformemente se aplican a la
naturaleza ; y así como es más reproductivo que regar un terreno inculto, regar
un terreno que sea naturalmente fértil para el cultivo a que se dedica, del
mismo modo son más fecundos para el Estado que las pesetas de la enseñanza
oficial, las que el Estado dedica a derramar en forma de auxilio sobre el
terreno de la iniciativa social, que es al que lógica y naturalmente
corresponde la función de la enseñanza. (Aplausos).
Obras de amor y vocación
Si hoy día el
presupuesto español y la organización docente española son eminentemente
oficiales y centralizados, es porque después de un siglo de absorción
centralista, desde el famoso decreto de Gil de Zárate, calcado sobre el tipo
napoleónico, completamente centralista, esa acción docente de la sociedad,
falta de amparo, está desorganizada, es débil, fría, y, por lo tanto, el Estado
tiene que suplir esta deficiencia. Pero esto no quita para que, en cuanto sea
posible, este capítulo, que es el de la función natural del Estado, este
capítulo, que, si llegáramos al ideal, debería ser el presupuesto entero, como
lo es en Inglaterra o en los Estados Unidos, donde toda la acción docente del
Estado se limita a ayudar y auxiliar a los Centros libres ; ese capítulo digo,
se aumente e intensifique cuanto sea posible, ya que las pesetas que en él se
consignan producen, en definitiva, al Estado, el ciento por uno, porque le
ahorran una carga que, si no, caería sobre sus hombros con un gasto no igual
sino mucho mayor que aquél con que la sociedad hoy pecha. Si el Estado tuviera
que cumplir ese fin, no conseguiría nunca hacer vivir esas obras con el
presupuesto con que hoy viven, porque esas obras han nacido de un amor, de una
espontaneidad y de una vocación que son, por sí solas, además de virtudes para
el Cielo, como decía un escritor, virtudes para la Tierra, porque producen, en
el terreno práctico, verdaderos milagros de economía y de buena administración.
Un negocio redondo
Basta repasar
ligerísimamente las obras a que se dedica esa cifra global, aquellas obras
entre las que se reparte. Por ejemplo, al Instituto de la Mujer, de Barcelona,
creado por iniciativa de los catedráticos, iniciativa espontánea para evitar
los males, cada día más percibidos, de la coeducación, el Estado le subvenciona
hoy con 17.000 pesetas; la Grande Obra de Atocha, de La Coruña, que educa tres
mil niños, con 10.000 pesetas; las escuelas de D. Manuel Siurot, que educan mil
niños, con 15.000 pesetas. ¿Quién puede negar el carácter remunerador de estas
cifras? ¿En qué otro capítulo del presupuesto hay un Instituto sostenido con
17.000 pesetas? ¿Dónde se educan tres mil niños por 10.000 pesetas? Desde el
punto de vista económico que no podemos abandonar, hay que reconocer que es un
negocio redondo para el Estado educar tres mil niños por 10.000 pesetas, y que
hay que procurar que no se disminuya esa clase de negocio por la crueldad de la
cifra presupuestaria, sino que se intensifiquen y que se aumenten.
El caso de Cádiz
Porque, aparte
de que las obras ya subvencionadas lo están pobremente, hay muchas que quedan
fuera de las cifras presupuestas. Un caso entre mil. A las puertas mismas de
Cádiz hay unas escuelas profesionales de Salesianos que educan trescientos
niños, a los que proporcionan vestido y además les dan oficio. Estas escuelas
no han recibido nunca un céntimo del Estado, y ahora pasan por una situación
económica difícil. La Junta ciudadana se ha ocupado de ello; ha conseguido
algún mayor esfuerzo de la sociedad mediante becas que pagan algunos
particulares y Ayuntamientos; pero no basta. Por el cálculo de las cifras se
hace necesario el auxilio del Estado. Pues bien: ¿qué ocurrirá?
Prescindamos de
que consiga o no este auxilio, esto no importa para el problema general, pues
si lo logra, será quitándoselo a otro. Lo cierto es que esas escuelas necesitan
aproximadamente 10.000 pesetas de subvención, cantidad irrisoria en relación
con el volumen de obra que realizan. Esas 10.000 pesetas son casi la séptima
parte de la cifra total que hay en el presupuesto, porque no llega más que a
pesetas 75.000 para esta clase de establecimientos, y lógicamente se comprende
que no puede asignarse a una sola obra de una de las cincuenta provincias
españolas.
Gasto que es ahorro
¿Qué quiere
decir esto? Que a pesar de ser tan pequeña la subvención que se necesita, en
relación con el volumen de la obra, no cabe en el presupuesto actual ; quiere
decir que el presupuesto actual no da medios al Estado para desarrollar la
primera y natural función suya, que es la de auxiliar y tutelar estas obras, y
esto es engañarse, porque el Estado tendrá el día de mañana que cumplir un
papel más caro, que es el de supletor, echando sobre sí los fines docentes que
quedarán incumplidos ; quiere decir, en una palabra, que si a las puertas de
Cádiz se cierran esas escuelas profesionales salesianas, se producirá un
problema escolar que el Estado tendrá que resolver por sí mismo, y entonces
comprenderá que aquello que había propuesto este modesto asambleísta no era, en
definitiva, un gasto, sino un ahorro; comprenderá todo lo que pueden rentar al
Tesoro Público 10.000 pesetas colocadas a tiempo en una de estas obras
sociales, llenas del calor maternal, que saben fecundar cada peseta, como
fecunda con su calor la tierra cada grano de semilla. (Aplausos).
Cambio de orientación
Y ahora dos
palabras, para terminar, prescindiendo ya del terreno económico para fijarme,
de un modo abstracto, en el valor docente que por sí misma tiene, además, esta
partida. A dos fines se dedica: a obras de enseñanza de un modo general,
enseñanza obrera, enseñanza primaria, y después, a obras de cultura general. Pues
bien: yo pido el aumento de esa partida, más que por lo que materialmente
representa ese aumento de pesetas, por lo que ello supone como cambio de
orientación y de camino en que viene incluyéndose esa partida en el
presupuesto, y por eso es tan pequeña, con un error fundamental de criterio;
que viene incluyéndose como un lujo, como si fuera un cepillo de ánimas donde
se echan las limosnas para unas cuantas obras. Y no es esto; yo creo que esta
cifra, que no es un lujo, sino una obligación del Estado, no debe limitarse a
auxiliar la acción social, que ya existe en materia docente, sino que debe
marchar delante de ella, abriéndola el camino, fomentándola, invitando a la
creación de nuevas obras. Debe desaparecer el carácter que hoy tiene esa
partida de limosna, y convertirse en verdadera prima, para la creación de esas
obras; este es el carácter que la cifra a que me refiero debe tener. (Muy bien).
Estado y Escuela
Para uno y otro
fin de los indicados, es eminentemente fecunda esa cifra. Para enseñanza,
primero. Basta recordar lo que he dicho: la enseñanza es la acción de la
sociedad. La escuela nacida del calor de la sociedad tendrá siempre una virtud
de flexibilidad y de adaptación al medio que nunca conseguirá el Estado, que
tiene que hacer las cosas, como se hacen las piezas de las máquinas, por
series, y no puede plegarse a las mil variedades de la vida social. El Estado
—decía un escritor— organizando escuelas es algo así como un oso arreglando un
reloj de pulsera. La escuela es demasiado menuda, demasiado íntima, para esa
gran máquina que se llama Estado. (Muy bien.) Se han hecho desde el Ministerio de Instrucción Pública laudables
esfuerzos para plegar el papel duro de la «Gaceta» a los perfiles y variedades
de esas espontaneidades locales. La escuela rural, en Andalucía, que está en
proyecto y las del Valle de Arán; el régimen de las Juntas de Primera
Enseñanza, dándoles más atribuciones; todo tiende a lo mismo. A pesar de esto,
es indudable que el Estado, que marcha trabajosamente abriéndose paso entre
legiones de funcionarios y enredados sus pies en montones de papel de oficio,
no conseguirá llegar a los últimos rincones de las montañas vascas o de las
cortijadas andaluzas, para llevarles la enseñanza, con aquel calor y sentido de
realidad y de vida con que puede llegar la sociedad a poco que el Estado la
impulse, la ampare y la proteja. (Muy bien).
Textos autorizados
Es unánime el
reconocimiento de la mayor eficacia de la enseñanza nacida de la sociedad, y
voy a leer unos textos, principalmente para que sean conocidos de aquellos que
creen que todo esto es programa exclusivo de un sector ideológico. Decía Ruíz
Zorrilla: «La supresión de la enseñanza pública es el ideal a que debemos
aproximarnos, haciendo posible su realización en un porvenir no muy lejano».
«Una buena enseñanza —decía Labra— sólo puede venir de las Corporaciones
particulares y de los individuos». Repito que no son textos sospechosos para
los que crean que éste es el programa de un sector ideológico. «No es fin
esencial del Estado la enseñanza —decía Azcárate—; si una nación tuviese la
fortuna de que la iniciativa individual y social suministrara la necesaria,
para nada tendría que ocuparse de este asunto».
Gasto y rendimiento
Pues si éste es
el ideal reconocido por todos, en lugar de cerrar el camino con cifras exiguas,
lo que tenemos que hacer es fomentar, en cuanto sea posible, el acercamiento a
ese ideal, pensando que en esto se da, por rara paradoja, una armonía entre la
economía y la eficacia, y a un menor gasto corresponde un mayor rendimiento ;
porque cuando el Estado logra, por cinco o diez mil pesetas, tener a su
disposición un establecimiento de enseñanza, no sólo consigue ese milagro
económico, sino también una enseñanza mejor, porque ello es señal de que esa
enseñanza nació del calor de la sociedad, y esto, señores, da por resultado que
en las raíces mismas de la institución haya un principio de espiritualidad y de
amor, que hace que se adapte mejor a la sociedad de donde nació, que no la
escuela oficial surgida de las frialdades de una burocracia y regida por un
educador desconocido del pueblo, impuesto por las rigideces del escalafón.
Concepto de la enseñanza
Esto hace que
la enseñanza se reintegre a su verdadera esencia, porque, como todos sabéis, la
enseñanza no es una profesión técnica como cualquiera otra: la enseñanza es un
sacerdocio lleno de espiritualidad y de sacrificio, que tiene que hacer que la
rutina cotidiana de la acción docente esté nutrida en todo momento de
pensamientos superiores y de finalidades eternas. (Aplausos).
Concepto de cultura
Y dos palabras
sobre el segundo fin a que esa partida se dedica, que es a obras de cultura
general. La enseñanza da los materiales, pero la cultura es la construcción,
que luego se realiza en el espíritu con esos materiales, y esa operación de
laboreo solo puede desarrollarse plenamente en esos centros de cultura creados
espontáneamente por la sociedad; en esos centros, que es donde el trabajo y el
estudio tienen la mayor belleza y la mayor eficacia de todas las cosas
espontáneas y libres; donde se amasa la verdadera cultura, esa cultura que,
bien entendida, en su sentido amplio, no es un conglomerado de conocimientos,
sino que es, verdaderamente, la posición total de una generación ante la vida ;
esa cultura que, por eso, todos los Gobiernos tienen que tutelar e impulsar con
singular desvelo, y más todavía, señores, cuando, después de una gloriosa labor
de Dictadura, después de haber resuelto los problemas fundamentales, que han
dado verdadera estabilidad a la nación, se trata de preparar una normalidad que
corone la obra; porque preparar una normalidad, más que declinar el futuro
edificio del Estado, es preparar una cultura que haga que esa normalidad sea
posible, estable y fecunda.
Ventanas al mundo
La mayor
dificultad con que siempre tropezará la obra regeneradora, el nuevo régimen
será esa cultura mediocre, pobre, de una masa media española, que vive apegada,
como el galápago a la concha, a unos cuantos prejuicios del siglo pasado. Y es
necesario, señores, que el Estado tenga medios para desarrollar una intensa
labor de fecundación de las fuerzas intelectuales del país ; que tenga medios
para abrir en todos los rincones de España unas cuantas ventanas por donde se
vea el ancho paisaje del mundo y por donde entre el aura renovadora de una
cultura joven que venga a airear los trastos viejos y apolillados, enseñando en
todos los rincones de España que en el mundo entero la revolución de todas las
nuevas ideologías ha sacudido el árbol del pensamiento y de la vida, y ha hecho
caer de él, como frutas podridas, muchas ideas fracasadas.
Mirada retrospectiva
Es necesario
que España, que quiere engrandecerse, mirando a su tradición, se acuerde de que
el periodo mayor de su grandeza material fue el de su mayor cultura, y que esta
cultura suya no fue un producto oficial, sino que fue tejida, como urdimbre de
oro, por el libre juego de las fuerzas intelectuales del país, en aquellas
cátedras gloriosas, que se ha dicho con razón que más que las abuelas de
nuestros centros oficiales fueron las abuelas de nuestros centros libres ; en
aquellas cátedras, en las que revolotearon como palomas las palabras de tantos
doctores ilustres, que llevaron luego el pensamiento español a todos los
rincones del orbe, en aquellas cátedras, en fin, que fueron como hornos, donde,
al calor mismo de la espontaneidad social, se coció el pan bueno de la cultura
española, ese pan que en aquel momento glorioso del cenit de nuestra historia,
nutrió a este pueblo vigoroso, que supo luego repartirse pan por todo el orbe,
en la universal comunión de nuestra raza.
La cifra más simpática
Y me quedan, de
los veinte minutos de que dispongo, uno solo para dirigirme al señor ministro
de Instrucción Pública y decirle que si con modestas palabras he conseguido
mover los corazones de los señores de la Comisión y del señor ministro de
Hacienda, y logro que esa cifra, que está débil y moribunda, se tonifique un
poco, yo me pasaré por su despacho, llevándole unas cuantas peticiones de obras
de mi rincón andaluz que vienen realizando una labor fecunda sin auxilio del
Estado; unas cuantas peticiones, que son gritos de justicia reparadora. Yo
estoy seguro de que no saldré defraudado, porque éste será el corretaje que me
corresponde por esta batalla que acabo de reñir en favor de la cifra más
simpática de todo el presupuesto de Instrucción Pública. (Aplausos)”.
Este es comentario editorial de
la revista, que incluye a continuación del mencionado discurso:
«DON BOSCO EN ESPAÑA» que nació al calor de este caso de Cádiz y es hijo
de la misma convicción, aplaude también fervorosamente al intrépido
asambleísta, no por las ventajas materiales que ello pudiera significar para la
enseñanza privada, sino por la noble gallardía y abrumadora elocuencia con que
ha sabido defender, ante los poderes públicos, sus indiscutibles e inalienables
derechos.
El fervoroso
aplauso con que estos subrayan el impecable y patriótico discurso, es dar
patente de estadista al insigne orador... que menos no merece el ilustre Jefe
de la Unión Patriótica gaditana, sino por la gracia e inimitable forma en que
presenta su enmienda, envuelta en rayos de luz, que ilumina y convence a la
magna asamblea, cuyo asentimiento es total y unánime, como la calurosa ovación
con que rubrica su discurso ; porque la figura del Sr. Pemán resulta ya gigante
y reclama un marco mayor que el que tiene por fondo una provincia, aunque esta
sea para un corazón tan grande y tan querida, como la de Cádiz.
Asimismo,
recogí la referencia sobre esta subvención del Boletín Salesiano Español
como uno de los anexos en mi tesis
de licenciatura, allá por el año
2000. Por su relación con la
colaboración de Pemán, me parece
interesante transcribirla íntegramente
a continuación en esta entrada.
SUBVENCIÓN
ECONÓMICA DEL ESTADO A LAS ESCUELAS SALESIANAS DE CÁDIZ.
FUENTE: BSE, XLIV, 6 (1929), págs.
185-186.
"CÁDIZ
(España).- Cooperación eficaz.
“Tenemos
el gusto de ofrecer a nuestros lectores estás líneas que el Diario de Cádiz
"Información" dedica a nuestro Colegio de aquella ciudad. Pero para
mayor inteligencia recordamos antes la
benemérita labor de nuestro querido amigo y Cooperador D. José M. Pemán, quien
en un pleno de la Asamblea Nacional, defendió con valentía la necesidad de
socorrer a la enseñanza privada, llevada a cabo por los establecimientos
religiosos gratuitos, y citaba como ejemplo la obra salesiana de Cádiz, que a
pesar de no recibir ninguna subvención oficial, alberga en sus muros,
proveyéndoles de pan y cristiana educación, a varios centenares de niños
pobres.
Dice
así el citado periódico:
"
De vez en vez presenciamos hechos que no son meras coincidencias, sino
demostración evidente de que el premio de las buenas acciones no se hace
esperar en muchos casos.
Fue en
el día de ayer cuando un pobre niño huérfano y necesitado, llamó a las puertas
de una casa de Cádiz, casa que tiene sus puertas siempre abiertas para hacer el
bien y ejercer la caridad: nos referimos al Colegio Salesiano.
Apurada
es la situación de esta casa; grande sus necesidades, muy grandes sus atrasos;
pero mayores aún son los sentimientos de caridad cristiana que albergan en sus
pechos los hijos de D. Bosco. Por eso, a pesar de no tener beca disponible, a
pesar de no tener posibilidad de admitir al huérfano, el P. Superior, con esa
sublime y santa irreflexión que en nada mira cuando de hacer el bien se trata,
con esa admirable confianza en la Providencia que caracteriza a los buenos,
abrió magnánimo las puertas de su casa al huerfanito, y este encontró un hogar,
unos maestros y la esperanza de un porvenir tranquilo y seguro.
Pero
Dios no ha querido que el pobrecito niño grave más la carga que pesa sobre la
casa salesiana. La beca de ese niño ya pagada, y en el día de ayer
precisamente, casi a la vez que el niño era admitido en el Colegio.
El
Ministro de Instrucción Pública escribió
ayer al jefe de la U.P.D. José Mª Pemán y en uno de los párrafos de su
carta le dice lo siguiente: "Le incluyo el traslado de la R.O. por la que
se concede la subvención a las Escuelas Salesianas de la Barriada de San José
de esa población y Vd. perdonará que no haya sostenido mi oferta de las diez
mil pesetas que Vd. me pidió ... porque me ha parecido mejor conceder doce mil,
atendiendo a lo mucho que Vd. se interesaba en el asunto y a que fue origen de
su hermoso discurso en la Asamblea que dio tan fecundo resultado"





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